La sospecha demente de que el río arrastre tu nombre, esa paz agonizante del agua evaporada. Y de que el arrebol me hable siempre de ti, el mismo que teñía el crepúsculo de aquella primavera nuestra, cuando despeinada me asomaba a tu balcón y las nubes de coral me descubrían deseando que fuesen las siete para siempre.
jueves, 15 de marzo de 2018
miércoles, 14 de marzo de 2018
El día que murió Hawking
¡La
muerte, la muerte, la muerte!
repetía desesperada
y no
encontraba calma en su alma
no
había quien la pudiera apaciguar
porque
el amor esa palabra vacía
era otro
hueco la oscuridad una caída
y
los agujeros la asustaban
el principio su final y la nada
así eran sus miedos
redondos y cíclicos
como
la tierra
como
esa estrella
como
esta vida
dichosa
vida.
jueves, 8 de marzo de 2018
La paradoja de la ausencia presente
Es
conocido entre las muchachas que las noches son para pensar. Si, perdida en tus ensoñaciones, ocurre que sientes una ausencia muy cerca de ti, preocúpate.
Te contaré un secreto que pocas sabemos y muchos conocen: las ausencias no
existen. Tampoco debe cundir el pánico, no permitas jamás que ausencia y miedo
coincidan en un mismo lapso. Destápate lentamente –seguramente sea invierno–,
dirígete a la cocina, bébete un vaso de agua tibia… glup, trágate la verdad de los
fuertes, o de los que lo aparentan ser (con esto bastaría).
Yo fui de las afortunadas, a mí me enseñaron a no creer en ideas. ¿Sabes?, hay que ser práctica. Una ausencia es invisible, ni siquiera un objeto inanimado se digna a ser llamado así ("Soy tangible por ti, ergo existo", sería su argumento). La ilusión de estocolmo esculpió para ti ausencias con forma de rostros divinos, y ahora que todo ha cambiado, las casas, la distancia en pasos, los relojes locos, ahora te toca salir a luchar contra alucinaciones medievales preconcebidas. Qué lastre, ese realismo tan confuso. Pobres de vosotras, pobres condenadas, pequeñas Chillidas artistas del vacío y el silencio.
Yo fui de las afortunadas, a mí me enseñaron a no creer en ideas. ¿Sabes?, hay que ser práctica. Una ausencia es invisible, ni siquiera un objeto inanimado se digna a ser llamado así ("Soy tangible por ti, ergo existo", sería su argumento). La ilusión de estocolmo esculpió para ti ausencias con forma de rostros divinos, y ahora que todo ha cambiado, las casas, la distancia en pasos, los relojes locos, ahora te toca salir a luchar contra alucinaciones medievales preconcebidas. Qué lastre, ese realismo tan confuso. Pobres de vosotras, pobres condenadas, pequeñas Chillidas artistas del vacío y el silencio.
martes, 6 de marzo de 2018
Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve.
Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con
goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno
detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la
ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos
apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se
cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se
agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que
cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una
viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se
entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la
vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las
emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas
inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
Julio Cortázar, "Historias de Cronopios y de Famas".
Reflexión:
Las gotas aplastadas de Cortázar son gotas que se han rendido, que han sucumbido, que tras un lapso de incertidumbre o lucha o juego –vaya usted a saber– caen empujadas por esa gravedad esclava que nos somete a todos. Todos estos verbos que he utilizado reflejan la idea de fracaso, pues hemos aprendido que caer duele, es propio de débiles, mas no lo podemos evitar, y para colmo lloramos o nos sentimos indefensos, incapaces de recuperarnos y volver a las andadas -fíjese en el paralelismo con una enfermedad-. El aplastamiento de las gotas parece su sentencia de muerte, un final injusto y trágico. Dios o destino. Somos tan egocéntricos que sentimos pena porque nos creemos gota aplastada, pero solo las vemos desde fuera, en nuestra ventana, puro teatro, melancólicos, distantes, y para qué profundizar, yo me quedo aquí con mi verdad, nos decimos.
Reflexión:
Las gotas aplastadas de Cortázar son gotas que se han rendido, que han sucumbido, que tras un lapso de incertidumbre o lucha o juego –vaya usted a saber– caen empujadas por esa gravedad esclava que nos somete a todos. Todos estos verbos que he utilizado reflejan la idea de fracaso, pues hemos aprendido que caer duele, es propio de débiles, mas no lo podemos evitar, y para colmo lloramos o nos sentimos indefensos, incapaces de recuperarnos y volver a las andadas -fíjese en el paralelismo con una enfermedad-. El aplastamiento de las gotas parece su sentencia de muerte, un final injusto y trágico. Dios o destino. Somos tan egocéntricos que sentimos pena porque nos creemos gota aplastada, pero solo las vemos desde fuera, en nuestra ventana, puro teatro, melancólicos, distantes, y para qué profundizar, yo me quedo aquí con mi verdad, nos decimos.
lunes, 12 de febrero de 2018
Arriba
Fin de la obra y yo aplaudo por convenio a este silencio y su eco infinito. Pretendo que la
magia quede contenida y, ajena a nosotros, no se consuma por el capitalismo.
Sin el desgaste de lo común, lo hastíamente real, lo finito sin remedio. Si lo adquiero se destruye. Dejémoslo pues así, allá en lo alto. Es una nube blanca y se mueve a gran velocidad con ayuda del viento. Y el tiempo.
Sin el desgaste de lo común, lo hastíamente real, lo finito sin remedio. Si lo adquiero se destruye. Dejémoslo pues así, allá en lo alto. Es una nube blanca y se mueve a gran velocidad con ayuda del viento. Y el tiempo.
El rumor
se aleja intacto, es una ilusión pulida por la nostalgia, un pasado que nunca pierde su brillo. Es un ser que sobrevive a una criba interesada, en continua
evolución, ciclos y flechas, así de apasionante.
Yo estoy allí y me siento extranjera de mi vida.
Yo estoy allí y me siento extranjera de mi vida.
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